NUESTRA REALIDAD
En el ministerio siempre hay mucho que hacer, reuniones que planificar y actividades que desarrollar ¡Siempre estamos en movimiento! Pero, ¿estamos avanzando? ¿Estamos llegando a algún lugar?
¿Cuáles son algunos parámetros comunes que usamos para medir la efectividad en el ministerio?
En nuestra experiencia personal, ¿percibimos que estamos avanzando? ¿Sentimos cómo si sólo estuviéramos sobreviviendo al desafío de liderar una congregación local?
¿Estamos creciendo o solo estamos sobreviviendo?
¿Está nuestra congregación viviendo el evangelio entre semana?
¿Tiene el lugar en el que estamos un acceso “simple” al evangelio?
¿Necesita nuestra ciudad, nuestro barrio una nueva Iglesia?
A lo largo de toda América Latina y en todo el mundo, existen realidades que reflejan aspectos importantes sobre el estado de los equipos de liderazgo y de las congregaciones. Hay algunas características comunes en la obra que producen estancamiento y aunque veamos mucho
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movimiento interno, no vemos necesariamente una transformación en la vida de las personas, ni una proyección hacia afuera.
Algunas de estas realidades las podemos definir de esta forma:
1. FALTA DE CLARIDAD EN LA VISIÓN.
Los equipos ministeriales están ocupados en muchas tareas, pero estas, muchas veces, están desconectadas de un propósito mayor claro y definido.
Cuando hablamos de visión, podemos decir que un equipo ministerial sin visión puede estar dando mantenimiento a un ministerio, pero no estar proyectando en el desarrollo de las personas.
Si nuestro único propósito es reunirnos, entonces estaremos corriendo detrás de un programa, tratando de cumplir con las obligaciones.
La visión de la iglesia define en qué dirección se está moviendo, si no hay claridad en la visión, puede que se muevan, pero... ¿hacia dónde?
2. ESTRUCTURAS COMPLEJAS
El trabajo de los diferentes ministerios y programas se ha vuelto complejo y demandante. Muchas veces esa estructura ahoga el desarrollo espiritual y el crecimiento.
Si hay algo que obstaculiza el crecimiento de un ministerio, de una iglesia y hasta nuestra vida, son algunas tradiciones que se han transformado en estructuras tan rígidas que no se pueden mover.
Entonces, llegamos a escuchar: “lo hacemos porque siempre se hizo así” o “no lo hacemos, porque nunca dio resultado”.
Muchas tradiciones son buenas porque nos mantienen en los linderos antiguos, que son límites y aportan identidad de nuestra iglesia, pero si se transforman en estructuras hechas por hombres, rígidas e inamovibles, es muy difícil que podamos crecer.
3. NO HAY MULTIPLICACIÓN DE LÍDERES
Pocos hacen mucho, y su esfuerzo parece diluirse entre la complejidad de la estructura. El ministerio se levantará o caerá sobre su liderazgo.
Muchos líderes tratan de construir sus ministerios alrededor de ellos mismos, pero Dios nos llama a discipular y entrenar a otros (2 Tim. 2:2).
El crecimiento es directamente proporcional con la ampliación de la base de liderazgo, y la esencia del liderazgo es reproducir más líderes: capacitando, equipando y generando espacios. Así el liderazgo cumple su función primaria la cual encontramos en Efesios 4:12.
4. ENFOQUE HACIA ADENTRO
No hay conexión clara hacia afuera del edificio o de los programas de la congregación. Todo está enfocado en lo que ocurre adentro, y no hay un impulso para cumplir la Misión de forma cotidiana.
La iglesia no es solo una comunidad que se reúne, sino una que sirve, proclama y alcanza con la verdad y el amor del evangelio a su comunidades.
En dirección de esto, no deberíamos ser una congregación solamente bajo la consigna de “vengan y vean”, somos una comunidad enviada, y “mientras vamos” hacemos discípulos.
5. FALTA DE EQUILIBRIO
Por un lado, aparentemente, hay mucha información bíblica en la congregación, pero poca transformación de la vida. Sorprende que haya iglesias “muy bíblicas” en su predicación desde el púlpito pero que no se aseguran de cómo esa verdad escritural se expresa en la vida personal de los cristianos y en el cumplimiento de la Misión.
¿Te sientes identificado con alguna de estas realidades?
Si es así, ¿cómo te hace sentir?
¿Qué podrías hacer al respecto?

