¿Podemos encontrar en el siglo XXI algún principio en la Biblia que nos indique cómo debería ser una iglesia según el modelo de la Iglesia de Antioquía de la época neotestamentaria, o de lo que llamamos una iglesia misional?
El reto del liderazgo consiste, en primer lugar, en bajar la marcha, pausar y encontrar espacio para conectarse con Dios, profundizar en el entendimiento de su propósito para la iglesia, y discernir los pasos que deben darse para avanzar en esa dirección.
Nuestro gran desafío, nuestro reto es poder vivenciar una iglesia con las siguientes siete características misionale.
1. ES IMPULSADA POR OBJETIVOS
La iglesia del libro de los Hechos está situada justo donde lo quiere el Espíritu Santo, y no donde ella quería.
Nos han enseñado a pensar en una obra y ministerio enfocados en nosotros, y por eso acabamos teniendo iglesias que se ven como la razón por la cual se hace el “ministerio”.
Nosotros, como iglesia, no existimos para nosotros mismos; la iglesia existe por las personas del lugar donde fue levantada.
Aquellas iglesias que entienden bien lo que nos describe y nos relata la iglesia del Nuevo Testamento, empezarán a ver que no se comienza con la iglesia, sino por el lugar donde Dios les ha puesto.
2. CAPACITA Y EQUIPA INTENCIONADAMENTE
Pablo habla claramente al advertir a los creyentes de Éfeso (Efesios 4:11-16). Jesús dio un regalo a su iglesia, y ese regalo se define como la capacidad que los creyentes tienen de ayudar a otros a realizar la voluntad de Dios. De modo que, si son eficaces, encontrarán la manera de encauzar las funciones de cada miembro y así alcanzar un resultado común.
Lo que queda claro es que el resultado de este “liderazgo” del “cuerpo de Cristo”, formado por varios líderes, es fruto de un ministerio coordinado entre varias personas. Los resultados se pueden ver, e incluso medir, en la gente que Cristo ha equipado y capacitado para
continuar el ministerio.
4. CULTIVA EL LIDERAZGO INTERDEPENDIENTE
El liderazgo siempre es más que una sola persona, y se reconoce interdependiente. Esto tiene como referencia a la Trinidad y la metáfora del cuerpo de Cristo ( 1 Corintios 12:14; 12:21), donde podemos observar unidad en la diversidad.
5. TOMA UNA POSTURA DE CRECIMIENTO LATERAL
Dios obra a través de la multiplicación de sus iglesias, no sólo con el crecimiento de las que ya existen. Esta es la lección que aprendemos en el libro de los Hechos: una visión de colaboración con otras expresiones del cuerpo de Cristo que generan una mayor expansión del evangelio en una geografía.
3. EVALÚA EL CRECIMIENTO
La iglesia debe desarrollar y potenciar valores o características que se puedan encarnar y medir.
¿Cómo podemos medir y cómo podemos capacitar a la gente eficazmente?
Hablamos de que estamos midiendo la obra con parámetros muy nuestros, pero, el poder medir el desarrollo de estas características, en la vida de la congregación, nos ayudará a saber si estamos creciendo o solo estamos dando mantenimiento a un ministerio.
Estamos hablando de valores o características no negociables pues emanan de la Palabra de Dios, y son tan importantes que si no existe un crecimiento en ellos en la vida de los asistentes de una congregación, lo más seguro es que no haya iglesia.
6. TRABAJA EN EL COOPERACIÓN CON OTRAS CONGREGACIONES
La iglesia es más que nosotros, por eso debemos cultivar una visión de cuerpo. Dios obra a través de la unidad de las diferentes expresiones del cuerpo de Cristo en un lugar a fin de que el evangelio sea accesible a las personas que viven allí.
7. MISIÓN TELESCÓPICA
El mundo de nuestro alrededor ha cambiado drásticamente.
Con esto en mente, y con una nueva manera de ver el Nuevo Testamento, lo que Dios está haciendo en el mundo, aparte de lo que hace en cada área de responsabilidad de la iglesia, lo va a hacer a través de un esfuerzo común entre los distintas congregaciones en diferentes lugares pero que están conectadas entre sí por el mismo compromiso de cumplir la misión de Dios.

